
Que Billy Wilder es uno de los grandes maestros del cine es indudable, que en muchas de sus películas encerraba críticas bastante feroces hacia muchos aspectos de la sociedad americana tampoco es un secreto. Uno de sus grandes éxitos, El Crepúsculo de los dioses, es todo un mazazo hacia las crueldades del mundo del cine y las estrellas que no pueden aceptar el paso del tiempo. Tampoco podemos olvidar Primera Plana donde hacía una crítica a modo de comedia al mundo del periodismo, de la mano de Jack Lemmon y Walter Mathau.
Primera Plana no fue la única película en la que Billy Wilder criticó las miserias del mundo periodístico. Uno de sus primeros fracasos comerciales fue El gran carnaval, protagonizada por Kirk Douglas. Esta película fue recibida con malas críticas y tachada de antiamericana, sin embargo, en Europa ocurrió todo lo contrario.
El Gran Carnaval cuenta la historia de Charles Tatum un periodista que no duda en mentir o inventarse las historias para hacerlas más emocionantes y morbosas. Cuando es enviado con otro compañero a cubrir una caza de serpientes, se encuentran en el camino con un suceso mucho más jugoso: un minero ha quedado atrapado tras un derrumbe en la mina. Esto para Tatum es, valga la redundancia, una mina de oro. El periodista no duda en intentar retrasar lo máximo posible el rescate de este hombre con tal de conseguir una historia que lo lance al estrellato.
Es curioso como esta película de 1951 resulta tan actual. Inevitable acordarse del caso de los mineros chilenos que quedaron atrapados durante meses y que, al salir, se habían convertido en héroes millonarios.
Por alguna razón estas historias son como ganar la lotería para los medios de comunicación. Como se retrata en la película, este tipo de sucesos vienen de perlas a los medios que necesitan alimentar a sus audiencias. Esas audiencias no buscan rigor, buscan emoción, impacto, como dice Charles Tatum en la película: es interés humano.
Obviamente no quiero creer que los periodistas en realidad somos así, en la vida real dudo que haya muchos que sobrepasen los límites tanto como Tatum, pero desde luego si habrá situaciones parecidas.
La calidad no vende, no da buenos datos de audiencia. Es mejor montar un circo, un gran carnaval al rededor de un hecho no tan importante, pero que proporcione «carnaza», que vayan directos a las emociones. Según Tatum, «las buenas noticias no venden».
Puede parecer una visión demasiado pesimista del periodismo, pero es más realista que cualquier otra. Aún debe haber periodistas buenos (entre los que espero incluirme cuando acabe la carrera), que busquen informar sin deformar, que se interesen por hechos que puedan contribuir a la formación de la opinión pública, pero por desgracia los que llenan las parrillas televisivas, en las horas de máxima audiencia son otros, los que ensucian la profesión.
Charles Tatum hay muchos, lo difícil es desmarcarse, que los principios periodísticos no sucumban a los comerciales o empresariales. Ultimamente esta idea de periodismo perfecto está de actualidad gracias a series como The Newsroom, que proponen una visión muy moralista del periodismo, no es realista, pero anima a que los periodistas hagan bien su trabajo. Y películas como esta de Wilder también lo hacen, porque ninguno en esta profesión queremos ser Charles Tatum, ni formar parte del gran carnaval que son muchos medios de comunicación hoy en día, otra cosa es que consigamos evitar ser corrompidos por toda esa espiral de morbo e intereses económicos.
Las buenas noticias no venden
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Una muy buena película has escogido , aunque precisamente no alga muy bien parados eso que se han dado en llamar medios. De cualquier forma en tiempos de prisas como estos, las noticias duran lo que una nube en verano…… Y si, para la mayoría periodistas y demás, no están a solo un peldaño de los políticos y no precisamente en los escalones altos. Saludos
Es una gran película (Wilder casi nunca decepciona)
Yo quiero creer que quedan buenos periodistas, básicamente porque me dedicaré a ello algún día y no quiero ser como Charles Tatum, pero como digo en la entrada, muchas veces es muy difícil escapar a los intereses económicos de los medios, que al fin y al cabo son empresas y solo se preocupan por obtener beneficios.
Un saludo!