Ojalá la vida fuera como en ‘Ted Lasso’

Los que me conocen saben que la moda del positivismo extremo al estilo Mr. Wonderful me causa un rechazo abismal y que suelo ser bastante pesimista, tirando a cínica, respecto a mi visión del mundo y cómo funciona. No creo en esas frases simplonas de ‘si eres positivo conseguirás todo lo que te propongas’ y demás chorradas. Pero eso no significa que no crea en el poder del optimismo y de afrontar las cosas con una actitud positiva. Por eso me ha enamorado Ted Lasso, la serie que se ha convertido en el mayor éxito de Apple tv hasta la fecha.

¿De qué va Ted Lasso?

La serie, protagonizada por Jason Sudeikis, nos presenta a un equipo de fútbol inglés, el Richmond, que anda de capa caída y que se revoluciona con la llegada de Ted Lasso. Un nuevo entrenador con métodos peculiares y, sobre todo, con un historial que no tiene nada que ver con el deporte inglés. Lasso es entrenador, pero de fútbol americano. No tiene mucha idea como funciona el deporte británico y, en definitiva, nadie entiende por qué la nueva presidenta del club ha elegido a este hombre para entrenar a su equipo. Me ahorro los spoilers y os animo a descubrir las razones que llevan a esta mujer a contratar a Lasso.

Como he dicho, Ted Lasso llega y lo revoluciona todo. No tiene mucha idea de fútbol, pero sí tiene un objetivo claro: acabar con el mal rollo y las rencillas que estropean el juego del equipo. Poco a poco, su actitud inexplicablemente positiva, hace mella en todos y consigue unir, animar y hasta romper la frialdad y la distancia de algunos huesos duros de roer. Sin embargo, la serie tampoco cae en lo facilón. Sí, el equipo está más unido, pero eso no es un pase automático a la victoria. Todavía pierden o empatan más partidos de los que ganan, pero Lasso está convencido de que a fuego lento las cosas se hacen mejor y que más adelante todo este proceso dará sus frutos. Una sensación que se contagia al espectador. Cuántas cosas mejorarían en nuestra vida si las enfocáramos de otra manera. Si no nos obsesionáramos con los resultados inmediatos y les diéramos tiempo para ir aflorando.

© Imagen: Apple Tv

Una utopía centrada en el fútbol

El mundo donde se desarrolla Ted Lasso parece el mundo real y actual, pero no lo es. En la serie, un equipo de fútbol profesional como el Richmond está dispuesto a tomarse un tiempo para cosechar resultados, sin prisa pero sin pausa. También se atreven a enfrentarse a grandes empresas patrocinadoras cuando ven una causa injusta, a pelear por unos valores mínimos, por encima de la fama y los millones. Sobra decir que eso en el mundo real no pasa. No hace falta más que echarle un vistazo rápido a la prensa deportiva para ver los culebrones económicos que se forman en ciertos clubes. O para ver cómo a la mayoría de grandes estrellas del fútbol se le perdonan cosas horribles, solo porque son buenos en lo suyo. Algunos pensaréis que hay que separar a la persona del deportista, pero cuando muchos de ellos defraudan millones a Hacienda, o cometen abusos sin consecuencia ninguna, resulta complicado. Ted Lasso es una serie que habla de los valores positivos del deporte y en concreto del fútbol, que los hay. Aunque en el mundo real a veces lo olvidemos entre tanto baile desorbitado de millones, luchas de poder y futbolistas egocéntricos y ostentosos.

Optimismo del bueno

Antes de empezar Ted Lasso sentía miedo de encontrarme con una serie demasiado edulcorada, con un buen rollo tan insistente e impostado que resultara cansino. Pero por suerte estaba equivocada. Ted Lasso habla de reponerse tras el fracaso, de seguir intentándolo. Él parece inquebrantable en sus ganas de mejorar la situación del Richmond, tiene fe en sus jugadores y da todo de sí mismo para lograr ese cambio. Y los resultados no llegan. Al menos no aún. Quién sabe si llegarán, o si serán suficientes para cumplir las expectativas de la afición. El caso es que ver el proceso está siendo maravilloso. Y mientras tanto sus jugadores ganan confianza, están más unidos y el ambiente que se respira en el vestuario es muy agradable. Evidentemente, no es suficiente, el deporte es competición. Pero es bonito recordar que la competición puede ser sana, que no hay necesidad de ser un engreído insoportable como Jamie Tart. A la mayoría nos gusta mucho más ver a dos deportistas que han empatado decidir que ambos se lleven la medalla. Y nos chirría mucho ver a algunos competidores despreciar todo lo que no sea el oro. No es buenismo, es recordar que la competición, el respeto y el compañerismo no están reñidos. Algo que algunos que presumen de tener mentalidad de tiburón, han olvidado por completo. Ojalá la vida fuera un poco más como en Ted Lasso.

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