‘It’s a sin’, una serie sobre los inicios de la pandemia del sida en Reino Unido

Por desgracia la palabra pandemia nos resulta más que familiar en los tiempos que corren. Llevamos ya casi un año con el mundo medio paralizado por la crisis del coronavirus y a todos nos ha cambiado la vida en mayor o menor medida. Pero para muchos no será la primera vez que se enfrentan a una situación así. La pandemia del sida estalló en los años 80 y entonces el mundo no se paró por completo. Se convirtió en la pandemia fantasma, silenciosa y llena de estigmas porque ‘solo’ mataba a un grupo de personas en concreto. De eso va It’s a sin, del origen de esa pandemia, del desconocimiento y rechazo inicial y de cómo en un principio se abandonó y dejó morir a millones de personas por culpa de los prejuicios y la homofobia.

Russell T. Davies dispuesto a hacernos sufrir otra vez

It’s a sin es una serie creada por Russell T. Davies, que ya nos ha hecho sufrir en otras ocasiones con títulos como Years & Years. Tampoco es la primera vez que hace series de temática LGTBI, porque hace unos años estrenó Cucumber y Banana y es el creador de la mítica Queer as folk. Y seguro que a muchos les suena por ser el responsable del regreso de Doctor Who allá en los años 2000. Con semejante curriculum ya hay motivos de sobra para tener ganas de ver su último trabajo y después del primer capítulo es bastante difícil no terminar la serie.

Una historia sobre homofobia

La serie nos presenta a un grupo de jóvenes LGTBI que, por distintos motivos, llegan a Londres a principios de los años 80. Prácticamente todos ellos salen huyendo de sus hogares, donde no pueden ser ellos mismos por miedo al rechazo. Todos ven la capital británica como un espacio donde liberarse, conocer gente, acostarse con quien quieran y aprovechar al máximo su juventud yendo de fiesta en fiesta. Y aún así deben ir con precaución, porque saben que pueden quedarse sin trabajo, no encontrarlo nunca o perder a sus familias, si salen del armario fuera de su círculo cercano. Uno de los aspectos que mejor refleja el sentir de esa época es, precisamente, que muchos de los protagonistas han interiorizado esa homofobia. La aceptan y hasta asumen que deben ocultarse o ser cautos porque el mundo funciona así y no se puede cambiar. No es que estén de acuerdo, pero viven con ello como algo ‘normal’.

Its a sin
© Imagen: HBO

La pandemia que fue silenciada y estigmatizada

It’s a sin no podría llegar en un momento mejor, en el que vivimos en medio de otra terrible pandemia. Y es inevitable ver ciertas similitudes entre lo que ocurrió cuando estalló la crisis del sida en 1981 con lo que ha ocurrido desde marzo de 2020. Y también es muy fácil ver las diferencias y darse cuenta de la crueldad con la que se trató a los que contrajeron el VIH entonces. Incluso hoy en día, el sida sigue siendo una enfermedad llena de estigmas. En It’s a sin observamos como los protagonistas pasan por esa fase de negación, de incredulidad. De no tomarse en serio esa enfermedad que parece que solo mata a hombres gays. Algo muy parecido a cuando hace un año hacíamos memes sobre el coronavirus, diciendo que era una chorrada y que no iba a pasar nada.

© Imagen: HBO

Sin embargo, cuando la cosa empezó a ponerse realmente seria por el Sida, el mundo no se puso patas arriba. De hecho, el mundo miró para otro lado y se encargó de culpabilizar y demonizar aún más al colectivo. La serie refleja de manera muy cruda el abandono por parte de todos a los enfermos. Ni las instituciones, ni la mayor parte de la sociedad, movió un dedo mientras veían como cada vez más personas morían abandonadas en una sala de hospital.

Un reparto de actores muy acertado

La serie cuenta con rostros bastante conocidos como Keeley Hawes (Bodyguard, Los Durrell) o Neil Patrick Harris (Cómo conocí a vuestra madre). Y para los que sufrieron con Years & Years seguro que les resulta familiar Lydia West. También está Olly Alexander, que a muchos quizás les suene por ser el cantante del grupo Years & Years (casualidades de la vida). Pero además, It’s a sin nos ha traído interesantes descubrimientos, como el de Callum Scott Howells, que ha conquistado a todo el mundo con su interpretación de Colin. Todos ellos configuran un reparto que funciona bien. Que ha dejado huella a pesar de que son solo 5 capítulos y que habría sido una serie perfecta para ver semana a semana.

Colin It's a sin
© Imagen: HBO

Ambientación a ritmo de temazos ochenteros

Una de los puntos fuertes de It’s a sin es que, aunque es un drama crudo y durísimo en ocasiones, también es una serie colorida, divertida y con sentido del humor. No podían faltar los looks ochenteros, ni por supuesto, las canciones que marcaron esa década, auténticos clásicos que ayudan a contextualizar aún más ese Londres de la década de los ochenta. A lo largo de sus cinco episodios escuchamos canciones que van desde el It’s a sin de los Pet Shop Boys que da título a la serie, hasta Queen, Joy Division o Blondie. Además, uno de los protagonistas de la serie, Olly Alexander, ha versionado It’s a sin.

Habría sido perfecta con una emisión semanal

Solo puedo ponerle un par de pegas: que son cinco episodios que se han estrenado del tirón. Eso hace que, al verla en plan maratón, de la sensación de que todo ocurre demasiado rápido y sin tiempo para asimilar bien cada capítulo. Estoy convencida de que una emisión semanal habría conseguido que la serie calara un poco más hondo y generara un impacto más duradero, más allá de la burbuja seriéfila de Twitter. Y mi otra crítica es que es una pena que la serie no haya querido ahondar más en el personaje de Jill Baxter, una mujer interesante y maravillosa que al final parece relegada solo a ser esa especie de madre para todos los demás. Y eso no es exactamente malo, pero dan ganas de saber más de ella, su vida más allá del cuidado de sus amigos.

Una serie imprescindible para empezar 2021

Ya sé que estamos a principios de año, pero no exagero si os digo que It’s a sin va a quedarse en mi top de lo mejor de 2021. Sí, quedan muchas series nuevas por estrenar, pero esta ya tiene un hueco permanente en mi corazón seriéfilo. Y no voy a parar de recomendarla, porque es dura, emotiva, necesaria y está muy bien hecha. Si os gustó Pose (la serie de Ryan Murphy que habla de la pandemia del sida en Nueva York), esta también os va a enganchar. Y si no, da igual, darle una oportunidad, porque cogeréis cariño a los personajes rápidamente y porque es una historia bien contada.

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