‘Veneno’ es mucho más que un homenaje a la vida de Cristina Ortiz

Ya sé que hay muchas series ahora mismo, que -igual que yo- tendréis una lista de títulos pendientes interminable. También imagino que a muchos una serie española sobre un personaje como La Veneno no os llama así de primeras. Pero dejad lo que estéis viendo y dadle al play. Da igual si no sabes muy bien quien fue Cristina Ortiz. Yo tampoco sabía mucho de ella más allá de que fue un personaje habitual en los platós de televisión y que hablaba de una manera muy peculiar y divertida. Nunca me había interesado por su vida, su mundo, ni lo que significó para muchas personas que alguien como ella ocupara tantos minutos televisivos. Pero ahora me alegro mucho de poder conocer su historia a través de la acertada mirada de los Javis.

Y seguro que si entras en Veneno, verás que es una serie que va más allá de Cristina, que cuenta la historia de un colectivo que ha tenido que sufrir mucho, romper obstáculos y que aún tiene mucho camino que recorrer.

Adentrándonos en la vida de ‘La veneno’

La serie se basa en sus memorias oficiales, (¡Digo! Ni puta, ni santa. Las memorias de La Veneno) recogidas por la escritora Valeria Vegas, que durante mucho tiempo acompañó a Cristina, conociendo todos los detalles de su vida. Desde su infancia en el pueblo granadino de Adra, hasta su llegada a Madrid. Además, la propia Valeria, también una mujer trans, supo captar la esencia de Cristina y ver más allá del personaje televisivo que todos conocemos. En la serie, Javier Calvo y Javier Ambrossi, han decidido jugar con ese paralelismo entre las dos y vemos tanto la transición de Cristina, como la de Valeria. En dos épocas muy diferentes y en ambientes completamente opuestos.

© Imagen:  Atresmedia

El punto de partida de Veneno es precisamente cuando Valeria decide comenzar a escribir un libro sobre La Veneno. Llega a la vida de Cristina justo en una etapa en la que está bastante de capa caída, deteriorada física y mentalmente, viviendo una vida alejada de los focos. Ahí comienza un camino en el que vamos hacia atrás y hacia adelante en el tiempo. Capítulo a capítulo vemos distintos episodios de la vida de Cristina, desde su infancia hasta que se convirtió en el mito que hoy todos conocemos.

El ascenso y caída de un icono

Cuando comenzamos a conocer la historia de Cristina, es todo un relato de superación. La Veneno escapó de la homofobia arraigada en su pueblo natal, Adra. Pero, sobre todo, huyó de la mala relación que tenía con su madre y se buscó la vida mientras se encontraba a sí misma. Hasta que llegó el Missisippi y lo puso todo patas arriba. La vida de Cristina cambió y comenzó a construirse el mito a golpe de apariciones televisivas. Y como suele pasar con todo lo que crea la televisión, la exprimieron y quemaron hasta agotarla.

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Veneno refleja muy bien ese ascenso y caída del icono. Cristina triunfó durante un tiempo, se convirtió en la reina del late night, dejó el Parque del Oeste y todo parecía brillante, divertido, maravilloso e inagotable. Comenzaron también sus excesos, porque ahora podía vivir una vida de dinero, lujos, quemando la noche madrileña y explotando al máximo su nuevo estatus. Pero tan rápido como subió, bajó. Y la serie muestra la dureza de esa caída. La oscuridad que llega después de un éxito rápido y efímero.

La nostalgia por una época llena de luces y sombras

No solo los fans de la Veneno pueden disfrutar de esta serie. También los que adoran la televisión, el mundo de la farándula, lo que hay detrás de las cámaras y ven en todo esto un reflejo de la sociedad del momento. Los noventa fueron una década muy loca para la televisión en este país. Fue la época donde el amarillismo alcanzó su momento de mayor gloria. Donde se daban pasos hacia la modernidad con personajes transgresores como La Veneno, al mismo tiempo que muchos programas irradiaban caspa y olor a rancio. Fueron los años en los que la gente desde sus casas observó y formó parte del circo mediático que se montó alrededor del asesinato de las niñas de Alcasser. Donde programas como ‘Esta noche cruzamos el Missisippi’ buscaban la máxima audiencia a toda costa y para ello se adentraban en los lugares más recónditos de la España profunda, o tan sórdidos como el Parque del Oeste. La Veneno era una mina de oro para la televisión de ese momento y fue descubierta en el momento perfecto. Pero toda esa decadencia, esa pasión por lo extraño o exótico acabó muriendo de éxito rápidamente y llegaron otros programas para tomar el relevo. Con nuevos personajes televisivos que relegaron a La Veneno y otros tantos a un segundo plano hasta caer en el olvido.

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Un reparto que se funde con la auténtica Cristina

Cuando haces una serie biográfica uno de los grandes retos es encontrar actores que se parezcan al personaje en cuestión y que además sepan actuar y no caigan en la simple imitación. Una tarea muy difícil si hablamos de La Veneno, que tenía una forma de hablar, de moverse y de comportarse muy particulares. Y a eso hay que sumar el reto de encontrar a varias actrices para cada una de las etapas de su vida. Pero han acertado de lleno apostando por tres nombres hasta ahora bastante desconocidos: Isabel Torres, Daniela Santiago y Jedet. Las tres hacen un trabajo maravilloso, han sabido captar la esencia de La Veneno sin caer en la exageración. El trabajo interpretativo, la excelente caracterización y la labor de documentación sobre Cristina y sus apariciones televisivas es tal, que a veces parece que estás viendo a la auténtica Veneno en pantalla.

Paca la piraña, la estrella inesperada (o no tanto) de Veneno

Pero no solo ellas brillan, también los actores que encarnan a Cristina cuando aún era Joselito (Guille Márquez y Marcos Sotkovszki). Y secundarios como la grandiosa Paca La Piraña que merecería un spin off solo para ella. Paca es en la serie (y fue en la vida real) la mejor amiga de Cristina. Una especie de madre que siempre está ahí en los buenos momentos y en los malos. Su presencia es un gran acierto y nos ha dejado algunos de los momentos más divertidos y entrañables. También destaca el trabajo de Desireé Rodríguez, quien interpreta a Paca en su versión más joven. O Lola Rodríguez, que encarna a Valeria y ha sido todo un descubrimiento. Junto a ellos recorremos este emocionante viaje que es Veneno. Y, como ya hicieron con Paquita Salas, la serie está llena de cameos maravillosos que os animo a descubrir viendo la serie.

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La revolución y el legado de Veneno

Tener en España una serie protagonizada por mujeres trans, que pone en evidencia los obstáculos que tienen para vivir su vida tranquilamente y formar parte de la sociedad con sus derechos garantizados, es todo un hito y un gran paso para dar visibilidad al colectivo. Pero además, Veneno ha conseguido hacerse notar más allá del público objetivo que ya estaba pendiente de la serie. Su éxito en redes sociales y los buenos datos de su estreno en la televisión en abierto son claves. Demuestra que no es una serie solo para personas trans, que esta historia es tan accesible como otra cualquiera y que hay que dejar atrás los prejuicios. El público generalista sí está preparado para una serie así. Cristina, sin saberlo, abrió el camino e hizo las cosas un poco más fáciles para otras mujeres trans que han llegado después, como Valeria. Y seguramente que exista una serie como esta servirá para que otras personas trans se sientan más arropadas y visibilizadas. Por eso es motivo de alegría tener en este país un producto de ficción tan atrevido y diferente, que no se ha cortado un pelo en señalar los capítulos más oscuros o difíciles de la vida de Cristina, sus contradicciones y sus momentos bajos.

Una serie que ha puesto al colectivo de mujeres trans en primera línea, exponiendo muchos de los problemas a los que se enfrentan por el hecho de existir. Que refleja cómo han cambiado las cosas con el paso de los años y lo mucho que tienen que cambiar todavía. Veneno sirve para recalcar la necesidad de los referentes. Cristina lo es para muchas personas y por eso es importante contar su historia.

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Tenéis que verla ¡Digo!

En definitiva, es una serie bien contada (a veces sobreexplicativa de más), hecha con sensibilidad y entendiendo perfectamente la importancia de la figura de La Veneno. Una carta de amor a Cristina y a todas las mujeres como ella que, poco a poco, van derribando prejuicios y facilitando el camino a las que vienen detrás. Ojalá Cristina pudiera ver el legado tan importante que ha dejado.

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